Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

lunes, 3 de agosto de 2015

Ausencia.

Es por la noche, con el silencio, cuando más acusada se hace la ausencia.

Me duele una ausencia: me han quitado una muela del juicio y así no hay quién exista. Se han llevado una parte de mí y todo duele. ¿Son acaso los dentistas, cuando te arrancan una muela, una sangrienta metáfora de lo doloroso que puede ser perder a alguien?

Nunca supe cuánto podía doler una ausencia hasta que la sufrí. Pero, tranqui, tronco. Que todos sobrevivimos al final. Salvo los que no, pero ellos también sobreviven a su manera, pues dejan de sufrir.

Es por la noche, con el silencio, cuando más acusada se hace tu ausencia. Y yo sé que esta vez la ausencia es buena. Es una buena ausencia porque tiene una fecha de fin claramente epecificada antes de su comienzo. "Consumir esta ausencia preferiblemente antes del tal del tal" (El año no lo dicen porque se sobre entiende).

Es una ausencia buena, pero duele. Y es en el silencio cuando más duele. Pues, ¿cómo va a doler mientras la cabeza piensa en números, resuelve sudokus, toma nota de qué alimentos hay que comprar el sábado o ve una serie de televisión de las que apagan las neuronas un ratito? En el silencio, los pensamientos reverberan. Pero al revés, de poco a mucho. Como pasando el tiempo de atrás alante. "Enos.. Menos... De menos.. O de menos... Echo de menos... Te echo de menos... TE ECHO DE MENOS".

Y así es imposible concentrarse.

Lo peor de las ausencias, es que siempre me recuerdan a otras ausencias. Como dichas de dominó. Una ausencia "feliz" puede provocarte una soledad no tan feliz, que te recuerde otras ausencias desde luego no felices.

Y pensar en ausencia recuerda otra ausencia que te hace recordar otra ausencia que entristece y evoca otra ausencia que...

Y lo peor de las ausencias es que una vez que alguien se va, salvo que vuelva y su ausencia haya sido "buena", siempre recordarás su ausencia y las sensaciones que te produjo.

Pero yo venía hoy aquí a hablar de mi libro, a contarte que hace mucho que no escribo aquí, pero que ahora dibujo, que probablemente me caigas bien si estás leyendo esto y que pronto terminaré de estudiar y entonces ¿qué rumbo le daré a mi vida? Venía a contarte todo eso, porque que te echo de menos tú ya lo sabes.

(Dedicado con especial cariño a la primera muela del juicio que me fue extraída. Ojalá las demás quieran quedarse y no me hagan llorar con su ausencia).



miércoles, 31 de diciembre de 2014

En su boca

En su boca mi nombre resuena fuerte, suena bonito. Suena admirable, porque así me ve él.
En su boca crecen las ganas. Como un agujero negro, todo él me atrae hacia su boca.
En su boca las horas se hacen minutos y ojalá tener un giratiempo para poder pasar las horas en su boca y a la vez perderme en el abismo de sus ojos.
En su boca los dientes son parte del paisaje; de un paisaje que conozco tan bien que parece que lo lleve recorriendo a diario toda mi vida.
En su boca me atrapan sus labios y yo me dejo atrapar; ni diez segundos en su boca necesito para desarrollar Síndrome de Estocolmo con esa cavidad.
En su boca su lengua me roba el tiempo y cuando me quiero dar cuenta he perdido los segundos, los minutos, la horas y hasta el juicio.
En su boca reconozco cada pliegue y mi lengua se pasea como Pedro por su casa.
En su boca siempre soy bienvenida con ganas, con una sonrisa; a veces casi con urgencia.
En su boca me pierdo, me pierde su boca. Me pierden las ganas por su boca. Me gana su boca una y otra vez. Me gana él.
En su boca violamos las leyes de la Termodinámica los sábados, pero generamos doble cantidad de entropía de lunes a viernes.
En su boca nuestras lenguas luchas con la entropía, contra el orden.
En su boca desaparece el espacio tiempo porque un minuto en su boca consigue borrar el recuerdo de siete días de soledad, pero siete horas en su boca saben a un minuto.

[Brindemos por un 2015 en que me pierda en su boca mínimo una vez al día].

sábado, 8 de noviembre de 2014

Mariposas





[Hoy venía a hablar de lo que yo llamo Síndrome del Apocalipsis, pero unas mariposas del estómago han decidido que hable de lo bonita que es la vida. Y deje dicho Síndrome para otro día. ]

Nunca deja de sorprenderme que existan humanos capaces de sustituir (para bien) los recuerdos que asociabas a una determinada canción. Un día llegué a dar por perdidas las canciones que solíamos escuchar, ahora he descubierto que son recuperables.

Lo siento. Hoy todo es él. Tengo mi vida en mis manos. Y qué vértigo. He aprendido que el truco estaba en echar de menos los momentos, pero no la persona. Los momentos son repetibles.

I don't know what this is or what this means, but I'd rather be with you than alone. Y si le prefieres a la soledad, es él.



Ojalá vosotros también sintáis el aleteo de mariposas en el estómago de vez en cuando. Da miedo, produce vértigo, marea, nubla la vista. Pero qué tremendamente genial es.


lunes, 25 de agosto de 2014

Cocinando macarrones.

[ -¿Cuánto queso es mucho queso?
-Nada. No existe una cantidad física imaginable de queso que llegue a ser mucho queso. Todo queso es poco queso. ]

Y con tantas otras cosas igual. (Chocolate, amor. Con el chocolate, amor, pasa lo mismo). 

Me olvidaste, ¿recuerdas?

Recuerdo cuando venía aquí a contar mis penas y las cosas que me estresaban. Recuerdo cuando dejé de hacerlo porque encontré un hombro físico en el que llorar; y recuerdo cuando volví a hacerlo porque las cosas ya no eran lo mismo. 

Recuerdo que aprendí a contar cómo me sentía y recuerdo que me enseñé a analizar mis sentimientos. 

Recuerdo que hubo una época en la que una mirada lo decía todo, nos sobraban las palabras aún cuando nos quedábamos sin ellas. 

Recuerdo, recuerdo, recuerdo. Recuerdo que recuerdo. Y recuerdo; ¡qué recuerdos! Te recuerdo, me recuerdo y nos recuerdo. Recuerdo que olvidaba muchas cosas y que me recordabas a veces a mis olvidos. 

Me recuerdo olvidadiza y feliz. 

Opino. 

Opino que el tiempo platoniza mis recuerdos. Que los recuerdos no son tan nítidos como quiero creer. Que he borrado las sombras y ni siquiera este filtro de brillo y luminosidad me aclara todas las dudas. 

Opino que me queda muy poco tiempo para acabar la carrera y en todos estos años no he aprendido. Una mierdas. He aprendido que los procesos quasiestáticos son irrealizables; que la energía ni se crea ni se destruye, que sólo se transforma. He aprendido que también se puede sobreoscilar en torno al cero. Y que las condiciones de contorno importan. Mucho. 

Y concluyo. 

Concluyo que fuimos demasiado lento, que fuimos quasiestáticos y que eso nos hizo irrealizables. Concluyo que toda la energía que fue no ha dejado de ser pero, desde luego, ya no somos nosotros. Yo seré y tú serás; cada uno con su energía puesta en otras cosas, en otros lugares, en otras personas. 

Concluyo que sobreoscilar a veces es bueno, que todos ansiamos encontrar el equilibrio, pero que para delta igual a uno nunca dejaríamos de sobreoscilar; y eso nunca debimos permitirlo. 

Concluyo que no nos integramos bien y supongo que la culpa fue de las condiciones de contorno, porque como incógnita, éramos integrables. 



[Qué traicioneros son los tiempos verbales a veces. Se escapan presentes que son pasados que quisieron ser futuros.
¡Malditos sean los tiempos verbales! Hoy se me ha escapado un somos. Un somos que quería ser y creía ser, pero no fue. Un quiero y no puedo de los futuros. Un pasado más. 

viernes, 22 de agosto de 2014

Galleta más grande que el corazón.

-Toma. No te doy mi corazón porque me moriría al sacarlo, pero te regalo esta galleta más grande que la palma de mi mano. Y para el caso es lo mismo.

lunes, 28 de julio de 2014

Medio ambiente.

He perdido una certeza de tanto pensar. Y las que quedan están resquebrajadas. Ajadas. Deshechas. Me muero por dentro. Mi cuerpo es un vertedero de pensamientos pasados. Perdón, ahora se los llama depósitos controlados. Un deposito controlado de "pudo ser y no fue's". Una acumulación de historias marchitas. Los despojos del cerebro, que al vertedero no puede pasar nada que no haya sido tratado previamente. Y los lixiviados que sueltan mis ojos forman descorrerías que se acumulan en el corazón. Me ahogo. Y a las autoridades sólo les importa tenerme vigilada treinta años más, no vaya a ser que explote. Treinta años porque con cincuenta una pierde las ganas de luchar. Los ideales se degradan y se crea un compost de ideas pasadas que nutre el suelo de un nuevo campo de golf.

Me muero. Soy inerte. Pensé que era un despojo y no soy más que el lugar al que tirar las escorias. Hay apisonadoras que recolocan el pasado. O lo intentan. Me aplastan y yo que quería ser baldosa. Duele la degradación del pasado y duele saber que esos restos de lodo nunca volverán a ser agua en una cita para dos. Y que esa cita para dos jamás será más que lodo en la orilla del recuerdo. Metáforas a las once de la noche. Empezamos mal.

Un movimiento en la tripa me recuerda a algo. ¿Mariposas? Ojalá. Sólo son arenas movedizas. Insertan aire para reutilizar luego los materiales. Calcio. Me hundo. Succión. Atracción. Repulsión. Todo es lo mismo. Aunque haya en el mundo mucha menos antimateria que materia. Aunque haya más granos que antigranos.

Busco a tientas lo que no pude hallar con los ojos. Conozco la textura del futuro deseado, pero este bolso es demasiado grande y está muy desordenado. Pero este mundo es demasiado grande y yo estoy muy desordenada. Encuentro ideas y las vuelvo a perder. Recuerdo personas y las vuelvo a olvidar.

Yo no he venido aquí a hablar de mi libro.
Yo no he venido aquí a hablar de mí.
Yo no he venido aquí a hablar.
Yo no he venido aquí.
Yo no he venido. Aquí.
Yo no.


(6 de mayo de 2013. 23:25. La Cristina del pasado nunca deja de sorprenderme con las cosas que ha escrito.)

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