Mi blog.

Dentro de muchos años entraré aquí y será mi particular baúl (digital) de los recuerdos (no digitales).

domingo, 23 de marzo de 2014

¿Qué es el amor?

En el mundo hay demasiado dolor como para que me preocupen semejantes tonterías.

Cada día me importan menos las cosas, me importan menos cosas y me importan con mayor intensidad las personas que me importan.

sábado, 8 de febrero de 2014

Como el niño que se asoma a la ventana.

He muerto. He matado. Me he matado. Sin querer o queriendo.

Sin querer queriendo. Como el niño que se asoma a la ventana con su piruleta, tanteando al vacío, imaginando qué pasaría si se asoma un poco más, sólo un poco más. Sabiendo que al otro lado de esa ventana tiene el dolor de una caída segura. Que el "detrás" de ese balcón no esconde sino moratones y magulladuras. Y se asoma un poco más. Se le resbala la piruleta y la ve caer casi con fascinación. Desearía tener la piruleta de vuelta en su boca y se arrepiente (en parte) de haber sido tan torpe como para dejarla caer. Pero una parte de sí está encantada: ha entendido por fin qué hay al otro lado del balcón. Le ha costado una piruleta y un grito de su madre por asomarse tanto. Pero le ha valido la pena.

(La piruleta choca contra el suelo y se rompe en mil pedazos. Una parte del niño ha comprendido el peligro del balcón y no volverá a asomarse. Otra parte nunca dejará de sentir fascinación por las alturas. Cuando se convierta en trapecista, el niño recordará en todas sus actuaciones la piruleta hecha pedazos. Y sonreirá.)

jueves, 16 de enero de 2014

4

Hace cuatro años empecé a compartir por aquí (a)l(gun)as cosas que se me ocurrían. Hace cuatro años yo no sabía qué eran las integrales de volumen, cómo se transmitía el calor o para qué servía la lógica conmutacional.

Hace cuatro años mi abuela aún cocinaba galletas de mantequilla conmigo todos los veranos y mi abuelo se las comía después. Mi tía perdía las gafas y el perro de mis primas se rebozaba por el barro feliz.

Hace cuatro años no le dije a nadie que estaba "publicando" lo que escribía.

Hace cuatro años no conocía a muchas de las personas con las que ahora comparto mi día a día. Hace cuatro años ni siquiera sabía que se podía conocer gente genial después de los 20.

Hace cuatro años hacía bizcochos, galletas y tartas, pero nunca había hecho sushi ni berenjenas rellenas de queso.

Hace cuatro años nunca había suspendido (¡Qué tiempos aquellos! ¿Eh?)

Hace cuatro años no había leído aún nada de Dostoyevsky, de Tolstói, de Austen o de Huxley. (Qué época tan ignorante).

Y es que el tiempo pasa y corre y vuela en ocasiones. Y cuando te paras a mirar hacia atrás han pasado 4 años, has perdido personas, has ganado conocimientos, has perdido batallas, has ganado guerras, has conocido personas, has desconocido a otras. Y no tienes ni idea de qué será de ti en de 4 años.

martes, 31 de diciembre de 2013

El chico del abrigo verde.

Me he enamorado de una voz por su timbre y, sobre todo, por las cosas que decía.

El chico del abrigo verde llevaba unos auriculares verde pistacho y un iPhone 5S blanco, metido en una funda verde pistacho. Su abrigo, verde pistacho también. Me lo había cruzado antes en la "Apple Store", y ahora volvía a encontrarle en la parada de autobús.

Su voz, suave. Sus palabras, aún más suaves. Le contaba a su amigo que había preparado unas canciones en el piano para tocarlas esta noche a su familia, pero estaba un poco verde y las llevaba regular. Iban a quedar el jueves, por ejemplo, que hacía mucho tiempo que no se veían y, aunque estaba muy liado con exámenes y clases, ahora que tenía más tiempo le apetecía verle.

Habían comprado una nueva yegua en la organización en la que era voluntario. Mimosa estaba ya muy vieja y a veces daba problemas con los niños, no caminaba o se enfadaba y daba coces. No puedes subir ahí a niños. ¿Le apetecería a su amigo hacerse también voluntario de su organización? Como él (el amigo) tenía experiencia con este tipo de niños... Trataban autistas, sobre todo. ¿Deficiencias motricces? Sí, algunos también tenían deficiencias motrices.

Es que, entre una cosa y otra, hacía un montón que no se veían. Es normal, está muy ocupado entre las clases, el piano, el voluntariado... Pero bueno, ahora acababan de cambiarle el teléfono por uno nuevo y ya había recuperado toda la información. Así que, hasta el jueves, ¿no? ¡Adiós!

¡Ahí va! ¡Hola, Paloma! ¿Cómo estás? ¿Nos vemos mañana? Es que, como se lo dijo el jueves pasado, lo mismo ella ya no quería quedar, o se le había olvidado. Pero tendría que ser tarde, sobre las 8 o así, porque venía su familia y quería estar con ellos también. ¿Sus bombones? Sí, esperaba que estuvieran bien los bombones que le hizo. Mañana se los llevaría. Como el padre de un amigo es hostelero, le enseñó a hacerlos. Pero le costó bastante, se pasó unas 3 horas. Esperaba que merecieran la pena. Que no supieran mal por llevar casi una semana hechos. Sí, mañana se veían. ¡Hasta entonces!

Ya no habló más, nadie le llamó, no llamó a nadie. Se bajó pronto. En el autobús la gente seguía haciendo sumatorios de personas: 4 de Pilar, 4 de Rosa, 5 de Felipe, más la madre... Hacía frío fuera y probablemente ya ni se acuerde de la chica a la que dejó pasar. Pero no todos los días se escucha la conversación de un extraño hasta sentir que lo conoces bien.


domingo, 27 de octubre de 2013

Trucos para ser una chica dura. Capítulo II

Trucos para ser una chica dura (cont):

4.- Si estás sola en casa y tienes muchas ganas de llorar, ponte una mascarilla de las que tienen que dejarse puestas toda la noche. O una crema anti-granos que tenga textura cerámica (de arcilla húmeda, no de jarrón de porcelana). Ponte algo en la cara y vete a dormir. No vas a llorar y estropear los efectos de la crema, ¿no? Podrás irte a dormir sin haber derramado una sola lágrima por los ojos. Si la mascarilla es buena, al día siguiente el resultado bien habrá merecido tragarte las lágrimas. Si ves que ni por éstas las lágrimas van a evaporarse, prueba a poner una rodaja de pepino sobre cada ojo. O dos almohadillas desmaquillantes que absorban todas las lágrimas rebeldes que no logres someter.

5.- Si estás en uno de esos días o, simplemente, eres una de esas personas (sensibles, siendo tu sensibilidad algo bueno); ponles cara de asco a las tragedias. Mejor que te crean desalmada a débil. Un "ajá" o el más duro de los silencios es una buena respuesta si las lágrimas amenazan con inundar los ojos o la garganta con desbordarse de penas. Si quieres consolar a alguien, hazlo por carta, fax, código morse, chat o SMS. Ni por teléfono (llamada de voz o videollamada) ni en persona: podrías derrumbarte al escuchar sus penas. Y eso es justo lo que estamos tratando de evitar.

6.- Ponte colorete. No se puede llorar si llevas colorete. Acabarías pareciendo un payaso diabólico. Las lágrimas harían surcos en lo que supuestamente debían ser tus mejillas sonrojadas y tu maquillaje perfecto acabaría emborronado. Sólo de pensar en los efectos, optarías por tragarte las lágrimas. (Este paso es bastante parecido al paso 1, para las chicas que no usan/necesitan rímmel en las pestañas inferiores)

7.-Lleva siempre gafas de sol en el bolso/la mochila. Son un MUST para las emergencias. ¿Al mal tiempo buena cara? Mejor: haga el tiempo que haga, los ojos llorosos son irreconocibles bajo unas gafas bien grandes. (Aunque debes saber que esta es la última opción. Antes que gafas de sol, debes haber seguido los pasos 1 y 6 para evitar llorar por voluntad propia).

PD: Sé que MUST no es una palabra castellana, pero las chicas duras estamos a la moda y usamos anglicismos no aceptados porque somos tan modernas que sabemos que serán aceptados en el futuro. O no.

martes, 8 de octubre de 2013

Pepinillos

Madurar es dejar de quitarles el pepinillo a las hamburguesas. Que sea verde no quiere decir que sepa mal. Mira si no las aceitunas y el aguacate.

Los quarterbacks y animadoras del blog:

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